Caminando juntos

Desde el 2013 el perfil de usuario que llega al centro ocupacional de ADISLAN se ha diversificado: jóvenes institucionalizados con gran resistencia a las normas, de carácter oposicionista desafiante, seguimiento psiquiátrico, trastornos de conducta, trastornos disociales, desamparo, familias disfuncionales, soledad social, adicciones. Hablamos de personas en riesgo de exclusión social, personas que atesoran un ingente historial de conductas desajustadas y/o delictivas, pobres habilidades sociales, varios intentos de adaptación frustrados en diferentes instituciones y un sinfín de experiencias amargas.
Ante las evidencias, de que por un lado lo que necesitan estas personas es una intervención social desde la comunidad y la familia, y por otro lado la falta de recursos específicos en la isla para estos perfiles, se decide poner en marcha un programa de apoyos individuales y personalizados, donde es el centro quien se coordina con la comunidad, aprovechando los recursos que esta ofrece.
Es necesario ampliar las fronteras físicas y no quedarnos en meras intervenciones, o prestaciones de apoyo en horarios cerrados. Usar el entorno como herramienta para trabajar: habilidades sociales, compensar conductas desajustadas, interactuar, adquirir formación reglada, oportunidades laborales etc. Se trata de dar apoyo desde lo humano, pedir permiso para entrar en su realidad y desde dentro, juntos, encontrar las motivaciones, las metas e ilusiones que cualquier persona poseemos; es decir intentar dar un giro de tuerca a una realidad cuanto menos injusta. Hablamos de personas con necesidades sumamente complejas, plenamente conscientes de las etiquetas que los acompañan y, que en su mayoría, asumen su rol marginal (profecía autocumplida).
En definitiva propiciar un acercamiento de los apoyos a la realidad del usuario y no al contrario.

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