Prendió la mecha… de la transformación. Es posible, aún con los mismos recursos.

Todo surgió al embarcarnos en un pilotaje de vida independiente, organizado por Plena Inclusión. Este pilotaje nos sumerge en un periodo de reflexión dentro de la organización sobre el enfoque en la atención. Para ello creamos grupos de debate en el que participan todos los agentes implicados (profesionales, personas con discapacidad y familias).

 

Los modelos que nos sirvieron de orientación en esta reflexión fueron:

 

  1. La Convención Internacional de Naciones Unidas sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, que en su artículo 19 defiende el derecho de las personas con discapacidad a vivir de manera independiente y participar en la vida de la comunidad, lo cual implica que puedan elegir libremente qué hacer, tener la ayuda necesaria para no ser aislados de la comunidad, disponer de los mismos servicios e instalaciones que el resto de personas, y que estos servicios e instalaciones estén adaptados a sus capacidades.

 

  1. El Modelo de Diversidad y Filosofía de Vida Independiente, que destacan los principios de autodeterminación, apoyo entre iguales, empoderamiento, responsabilidad sobre las acciones que realizas en la vida y el derecho a asumir riesgos.

     

  2. La Metodología de Proyectos de Vida, que se basa en “los tres irrenunciables” (roles de ciudadanía plena, apoyos personalizados y oportunidades de inclusión), y que concibe a la persona con poder para liderar su propia vida, a las familias como cómplices, alineadas con el proyecto de vida de su familiar, y a los profesionales comprometidos con identificar oportunidades y prestando apoyos personalizados.

 

Fruto de esta reflexión optamos por dar un salto cualitativo en la atención, y tener más en cuenta las preferencias de las personas a las que prestamos apoyos, en la organización de las actividades del servicio. Todo esto lo articulamos a través de los proyectos de vida, preguntándoles directamente a las personas qué les gustaría conseguir en sus vidas. De esta manera empiezan a surgir deseos de realizar actividades en entornos más inclusivos, así como actividades distintas a las que hasta ahora veníamos desarrollando. Asimismo, y con el objetivo de dar respuesta a necesidades individuales de personas con necesidades de apoyo extenso y generalizado, vimos necesario potenciar la atención individualizada en el día a día.

 

Este proceso de revisar los proyectos de vida de las personas del entorno Camino Viejo, que es donde se desarrolla la Buena Práctica, se realizó a través de entrevistas individuales con las propias personas (con las adaptaciones necesarias según sus necesidades y capacidades), con los profesionales de referencias que prestan apoyos, y contrastándolo con las familias, con el objetivo de que se conviertan en cómplices y nos ayuden a generar oportunidades en el entorno comunitario.

 

Una vez realizado este primer paso, procedimos a organizar la planificación de actividades del Servicio para dar respuesta a las necesidades y preferencias detectadas.

 

Los principales objetivos que pretendíamos conseguir con este proyecto eran:

 

  • Empoderar a las personas a las que prestamos apoyos para que decidan sobre sus propias vidas, entendiendo el servicio de día en el que participan como un servicio que tiene que responder a sus preferencias y necesidades.

     

  • Promover una transformación de la organización (“Camino Viejo”) hacia modelos centrados en las personas, flexibles, abiertos y enfocados a la comunidad.

 

  • Ofrecer y maximizar oportunidades de inclusión.

 

  • Desarrollar y consolidar un enfoque de trabajo que se adapte a las necesidades individuales de las personas a las que prestamos apoyos, y a los posibles cambios que se pueden producir en el contexto en el que desarrollan las actividades diarias.

     

  • Conseguir que el enfoque de trabajo puesto en práctica tenga en cuenta a todas las personas, incluyendo a aquellas con grandes necesidades de apoyo y a sus familias.

 

  • Conseguir que este enfoque de trabajo “enganche” y movilice a todos los profesionales de la organización para hacerlo extensible al resto de servicios de la Entidad.

     

  • Construir el diseño, desarrollo y evaluación de todo el proceso con la participación activa de las propias personas a las que prestamos apoyos, familias yprofesionales, sin olvidar a aquellas otras personas del entorno, externas a la organización, que pueden ser parte activa del proyecto.

 

  • Contribuir a dar a conocer el derecho de las personas con discapacidad a vivir de manera independiente y participar en la vida de la comunidad, lo cual implica que puedan elegir libremente qué hacer, tener la ayuda necesaria para no ser aislados de la comunidad, disponer de los mismos servicios e instalaciones que el resto de personas, y que estos servicios e instalaciones estén adaptados a sus capacidades (Art. 19 de la Convención Internacional de Naciones Unidas sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad)

 

La metodología llevada a cabo a lo largo de todo el proceso se puede resumir en las siguientes acciones:

 

  1. Creación de un grupo motor, donde reflexionar sobre el proceso de atención a las personas en la Entidad. En este grupo estaban representados tanto profesionales (dirección, coordinaciones de servicios, profesionales de atención directa, asistentes personales, técnicos), como personas con discapacidad y familias. Contando siempre con el respaldo de la dirección (representante legal de la Entidad), que de hecho ha sido un componente más del grupo motor.

     

  2. Trabajo de reflexionar y compartir con agentes externos a la Entidad, con el objetivo de que nos dieran su visión desde fuera, lo cual fue de una gran riqueza, ya que no hubiéramos sido objetivos únicamente con la visión interna.

 

  1. Decisión de poner en marchar en la Entidad un Servicio de Vida Independiente, que fuera transversal a toda la Entidad. La idea no era crear un “cajón más” dentro de la organización, sino un servicio que “contagiara” al resto de servicios de la Entidad, y que ofreciera y maximizara oportunidades de inclusión.

     

  2. Decidir realizar un “pequeño pilotaje” en el entorno Camino Viejo, compuesto por dos centros de día y viviendas comunitarias. El objetivo principal era, con la filosofía de vida independiente, empoderar a las personas a las que prestamos apoyos, para que fueran ellas quienes decidieran sobre las actividades a realizar en el servicio de día.

 

  1. Para llevar a cabo esta experiencia en Camino Viejo tuvimos que realizar una fase de sensibilización y reflexión con los propios equipos de profesionales.

 

  1. Una vez estuvimos convencidos de que este era el camino a seguir, revisamos todos los proyectos de vida de las personas a las que les prestamos apoyos. Este proceso se realizó a través de entrevistas individuales con las propias personas (adaptándonos a las necesidades de cada una), donde exponían sus preferencias, y contrastándolo con las familias.

     

    Al finalizar esta etapa nos encontramos que muchas de las actividades a planificar eran necesarias realizarlas en la comunidad, y en grupos reducidos, lo cual cambiaba la organización de los recursos humanos del centro.

     

  2. A partir de este momento establecemos alianzas externas con distintos servicios de la Comunidad (centros deportivos, piscinas municipales, centros cívicos, bibliotecas, etc.) para poder dar respuesta a las demandas planteadas por las propias personas.

     

  3. Realizamos una planificación de actividades anual, donde recogemos objetivos, metodología, recursos, listado de personas participantes y criterios de evaluación de las distintas actividades, para poder ir realizando una valoración continua a lo largo de todo el año y tener datos objetivos que nos sirva en la planificación del año siguiente, lo cual nos garantiza un proceso sistemático, que nos obliga a revisar periódicamente dicha planificación según las evidencias recogidas o los deseos y necesidades de las personas a las que se dirige.

 

  1. Esta planificación, en la que han participado de manera activa las propias personas a las que les prestamos apoyos, es compartida con ellas y sus familias.

     

  2. Ponemos en marcha la planificación de actividades, siendo consciente que de 50 a 60 personas están desarrollando diariamente sus actividades fuera de las paredes de los centros de día, y lo están haciendo en grupos reducidos, según las ratios que se necesiten, sin olvidar que las personas a las que está dirigida esta experiencia son personas con necesidades de apoyo extenso y/o generalizado.

     

    En comparaciones con las planificaciones de años anteriores, consideramos que la actual está más orientada hacia modelos centrados en las personas, abierta y enfocada a la comunidad, y que se adapta a las necesidades individuales y cambios que se puedan producir en el contexto.

 

Es importante destacar que este cambio organizacional y de enfoque de trabajo lo estamos desarrollando sin incrementar los recursos humanos, lo cual nos reafirma que lo importante en este tipo de procesos de transformación es el compromiso con las personas a las que apoyamos y el ser valientes a la hora de impulsar un proyecto de este tipo. El único esfuerzo, a este nivel, ha residido en buscar alianzas con agentes externos que nos hayan ayudado a cumplir con los proyectos de vida de las personas a las que les prestamos apoyos.

 

Esto nos da tranquilidad a la hora de comprobar que es una práctica sostenible, tanto económicamente (la realizamos con los mismos recursos que teníamos) como organizativa (la organización actual es posible y está funcionando) y técnicamente (cuenta con el respaldo técnico necesario), lo cual nos ofrece garantías de continuidad en el futuro.

 

  1. Esta experiencia se ha desarrollado con el respaldo de la representante legal de la Entidad, la cual está comprometida en poder seguir avanzando en implantar esta “manera de hacer” en los distintos servicios de la organización. Consideramos que es una experiencia lo suficientemente atractiva como para poder “enganchar” y movilizar a más personas en este camino ya emprendido.

 

Asimismo y, teniendo en cuenta que es una práctica relativamente joven, que aún le queda recorrido, podemos empezar a vislumbrar los siguientes resultados:

 

  • En primer lugar, un cambio de “chip” en los profesionales respecto al enfoque de atención prestado a las personas. Podemos decir que el foco ha pasado de enfocarse de la organización hacia cada una de las personas.

     

  • Se está dando respuesta, de manera más objetiva, a las necesidades y preferencias explicitadas por las personas. Esto no quiere decir que antes no se viniera haciendo, pero quizá en este periodo hemos conseguido afinar mejor este proceso.

 

  • Hemos mejorado el proceso de empoderamiento de las personas, consiguiendo que las actividades planificadas desde el servicio respondan a las necesidades y preferencias planteadas.

 

  • En consecuencia con lo anterior, consideramos que hemos mejorado los sistemas de apoyos que se prestan a las personas, haciendo que éstos estén más centrados en cada persona y su familia.

 

  • Hemos conseguido ofrecer actividades que potencien y faciliten la inclusión en la comunidad. De tal manera, que actualmente garantizamos que de 50 a 60 personas, de lunes a jueves, estén realizando actividades en la comunidad, en grupos reducidos, y según sus preferencias.

 

  • Hemos conseguido que las actividades del servicio estén planificadas según las preferencias y gustos de las personas a las que prestamos apoyos, y no sólo según lo que consideramos los profesionales. Las actividades planificadas dan respuesta a los proyectos de vida de las personas.

 

A su vez hemos identificado indicadores de evaluación, dirigidos a valorar, tanto las actividades planificadas en el servicio como los resultados personales de los proyectos de vida, con el objetivo de que nos ayuden a ir ajustando y mejorando la prestación de apoyos.

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España

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